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Juntos - Iria Blake

Actualizado: 26 ene 2023



JUNTOS


—Huele a primavera —me dijo mientras miraba al cielo y aspiraba el olor a lavanda que se desprendía de la preciosa plantación que estaba justo frente a nosotros. —Anoche olías así. Me gusta.

—Y a mí me gustas tú con o sin olor a primavera —le respondí mientras le miraba embobada.

Diez años juntos, dos niños y un gato. Eso era nuestra vida y nos gustaba. Cuando éramos más jóvenes hicimos nuestros planes y a esta altura de nuestras vidas estábamos más que encaminados en ello.

—Quiero follarte aquí.

Miré a mi alrededor y no pude evitar sentir vergüenza. Cuando éramos novios hacíamos tremendas locuras y nos liábamos en cualquier sitio. El paso de los años me volvió menos audaz y más cautelosa, sobre todo desde que nacieron los niños. Aunque bueno, estábamos sin hijos cerca, rodeados de un paisaje paradisiaco y deseo, mucho. Uno desgarrador y desatado que pensé se había dormido y que despertó en cuanto nos quedamos solos.

—Y yo quiero que lo hagas. Me recuerda que…

No me dio a tiempo a terminar la frase, cuando su lengua se coló detrás de mi oreja y un escalofrío me recordó el tiempo que llevábamos sin tener intimidad. Sus manos debieron de tener envidia porque estaban reptando por mis caderas en dirección incierta. No sabía si subir o bajar. Era como ser de nuevo adolescentes, pero con más años de experiencia. Sus dedos alcanzaron mis senos y sentí esa vibración que produce la anticipación al buen sexo.

—Y a mí me recuerda que me sé de memoria todas tus debilidades y voy a atacarlas ahora mismo.

Me dio la media vuelta y arrasó mis labios con fuerza. Como si llevásemos años sin besarnos. Hambre, anhelo, deseo. Cientos de sensaciones se agolparon en mi interior y pude rememorar todos y cada uno de los instantes del inicio de nuestra relación. Toda esa pasión que se despertaba cuando nos veíamos y que difícilmente se escondía a los ojos de los demás. Tan transparentes, tan nosotros.

Buscó mis piernas y me alzó a horcajadas sin dejar de besarme. Un paso, otro y en el último nos empujó hacia la tumbona que parecía preparada estratégicamente para acoger nuestros cuerpos. Excitados, nos corrió prisa desnudarnos y casi sin coger aire entre beso y beso, empezamos a bailar juntos la danza del sexo. Creo que rejuvenecimos esos diez años en la entrega y de la ansiedad por tenernos el uno al otro.

Eso éramos él y yo y nos quedó claro no lo habíamos olvidado.

Sabíamos que nos amábamos, solo nos quedaba recordar lo mucho que nos deseábamos y que no había cambiado nada en absoluto. Solo necesitábamos días como ese para saber que ambos seguíamos ahí. Juntos.


Ganadora Concurso relatos de Sant Jordi 2020 - Iria Blake


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