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Tentación de una noche de verano - Carolina B Villaverde

Actualizado: 6 feb 2023



Como suele suceder durante el verano en la ciudad, esta noche el calor se condesa en el aire, haciendo difícil respirar e imposible dormir. Te espero sentado en una mesa de la terraza, bajo las estrellas, en compañía de una fría copa de espumoso. Cuando, hace unos días, llamé al restaurante, no pensé en reservar una mesa junto a la ventana, pero ahora me alegro de que me dieran este sitio porque desde aquí puedo verte llegar.

Un taxi acaba de parar en la acera de enfrente, seguro que es el tuyo. Después de unos instantes eternos se abre la puerta y un par de pies enfundados en sandalias doradas con tacones de aguja tocan el asfalto. A continuación, unas piernas infinitas y un vestido, que te envuelve sutilmente como a un lujoso y sofisticado regalo.

La melena oscura cae en cascada hasta el ecuador de tu espalda. Caminas con soltura, marcando cada paso con una seguridad inquebrantable y la mirada al frente. Sabes el efecto que provocas, sin concederle importancia. Te observo y me deleito con tus andares felinos sobre la acera, tu pasarela. Solo con esa forma tuya de caminar por este mundo ya me has conquistado.

Te aproximas a la entrada y el encargado te recibe. La terraza se llena con tu presencia. Casualidad o no, tu vestido comparte el color del champán en mi copa. La prenda se enlaza en la nuca, dejando hombros y espalda al descubierto; el resto se ciñe a tu cuerpo como un guante. Absolutamente irresistible.

Lo sigues hacia la mesa y, mientras te acercas, clavas tus ojos verdes en los míos y la mirada me traspasa; estoy seguro de que me has leído el pensamiento. La respiración se me acelera, mi corazón late con fuerza y me cuesta mantener la cordura. Definitivamente, me vuelves loco.

Te saludo con un cálido beso en la mejilla y un abrazo fugaz. Mis dedos apenas rozan tu espalda porque sé que si poso la mano sobre ella estaré perdido. Pero ese mínimo contacto ha sido suficiente para percibir cómo se eriza tu piel canela. Unos instantes son suficientes para cerrar los ojos y que el tiempo se detenga.

Aspiro tu perfume a flores blancas que se impregna imborrable en mi memoria. Noto el calor que desprende tu figura, los latidos desbocados bajo tu pecho y el intento infructuoso por mantener bajo control el ritmo de la respiración. Daría lo que fuera por abrazarte en este momento y asegurarme de que eres real, de que no estoy soñando; por elevarte del suelo y fundir mis labios en los tuyos, olvidándonos del reloj y de todo a nuestro alrededor. Pero debo contenerme, ahora no es el lugar ni el momento…

¿O tal vez sí?


Tercera ganadora Concurso relatos Sant Jordi – Carolina B. Villaverde

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